Completamente personal.
Durante ya un par de años (o algo así) he venido usando este blog como desahogo. La mitad de las veces me inspiraba en historias ajenas, momentos que no me pertenecían, quizás por el único miedo a regalarle a gente que no conozco una parte de mí. Una reserva de un espacio que sólo es mío, y que a nadie más le debería interesar.
Cultivo recuerdos pero con el tiempo fui dándole más importancia y respeto a la imaginación. Gran porcentaje de las cosas que aquí han leído, ni siquiera las he vivido. Salvo claro, en el momento que las escribo, siempre siento lo que digo. Siento lo que doy.
Estoy a unos días de cumplir años. A veces me siento pequeña, a veces, ridículamente me siento sumamante grande. Comencé a construirme a mis quince años con toda la consciencia despierta. Antes de eso sólo me dediqué a disfrutar de una enorme infancia prolongada llena fantasía y mucho, mucho amor.
Quince, a mis quince hice a un lado las novelas y cuentos fantásticos para interesarme por la filosofía. Cada vez que tenía interés de hablar de Marx con alguien, me sentía sola, pues todo el mundo hablaba de cosas más comunes, sentí que crecí antes de tiempo y fui haciendo amigos de edades más grandes para poder conversar. Pero cuando volteaba (y sigo volteando) a ver a mis compañeras embarazadas, teniendo hijos, me siento sumamente niña.
Soy aquella mujer que ama los pequeños detalles, y que son esas mismas cosas que la hacen tumbarse de la risa.
Nunca creí en dios, y disculpen si ofendo a alguien por no usar mayúsculas, nunca creí porque nunca lo necesité, así de sencillo. Admiro a mi madre por haberme dejado crecer y decidir, por no imponerme nada, por dejarme pensar, por respetarme y amarme, por hacerme un ser libre. La admiro porque ha sido el mejor padre, la mejor madre, la mejor amiga. "Es tu culpa", le digo a ella, "me diste tanto amor, me hicieron tan feliz, que nunca me hizo falta un dios". Aunque allá afuera se estuviera derrumbando todo, siempre cuidó mi mundo.
Y hablo en mi caso muy particular, cabe mencionar que no señalo a nadie, y que hay veces que me conmuevo hasta las lágrimas cuando veo a una persona creer con una fe que todavía es limpia.
Estoy orgullosa de lo que he creado dentro de mí, aunque me duele lastimar a esa gente que quiero, a esa gente que en su momento se ha alejado, me ha juzgado por ser tan firme al decir "gracias, pero no".
Creo en el amor, quizás es en lo que más creo en esta vida.
Pero creo en ese amor lleno de belleza e inteligencia, jamás me tragué la imagen distorsionada que algunos medios y los vacíos de muchos nos vendían.
He amado.
No tengo idea de dónde sale esta ridícula valentía para asegurarlo, pero hoy por hoy, puedo jurar que he amado y que he entendido, si no todo, sí gran parte del amor.
Creo en mí pues sé que soy la única que nunca va a defraudarme. Sí. Decidí creer en mí misma antes que en cualquier otra cosa.
Y aquí, me desnudo ante lectores cuyos nombres no conozco. Ante amantes que no he amado, ante días que no han llegado y lluvias que no han sucedido.
No me gustan las fechas especiales, pues detesto el consumismo, y la idea de que sólo en un día la gente se acuerde de celebrar ciertas cosas, de intentar unir lo que el resto del año ha estado roto, de que todo sea tan malditamente efímero. No me gusta la agonía de la belleza en la humanidad, y no me gusta crecer, pues a veces voltear hacia abajo me hace llorar.
Pero a la vez me encanta, me odiaría a mí misma si me detuviera en este momento, si detuviera ese hambre por aprender y esas ganas de ser grande. Pues si no ¿a qué he venido entonces?
Me gusta conocer gente que valga la pena, me gusta crear, no lo puedo detener. Inventar, imaginar, construir, sentir.
Antes dejaba entrar a cualquier persona, ahora elijo muy bien a mis amigos, a esa gente que dejaré entrar a mi círculo, y les amo a todos porque por algo han llegado hasta donde están. Me gusta saber cuando alguien me quiere de verdad, y me gusta la gente que se supera a sí misma.
A veces anhelo a ese alguien, que coincida conmigo, y no porque yo tenga razón sino porque es a veces gratificante saber que no eres la única persona bebiendo ideas distintas.
Me gusta escuchar y cambiar de opinión. No le tengo miedo a los cambios, le perdí el miedo a decir adiós. Amo el crecimiento, detesto la enferma distorsión.
Aprendí a dejar ir, el proceso duele pues es una especie de catarsis, pero al lograrlo es increíblemente gratificante.
Sí, yo misma me asusto. Volteo a mi alrededor y veo que poca gente sigue creyendo que las cosas son posibles, y yo me atrevo, y amo ver cuando nos atrevemos juntos. No tengo miedo, ni al fracaso, ni al dolor. Ayer le tenía miedo a muchas cosas, y hoy mis fobias se han reducido tan sólo a los reptiles.
La muerte, por fin la entendí. Dejé de pensar que perecer es algo terrible. Es en la forma en la que se hace presente la tragedia. Mientras no sea un abuso, ni una atrocidad, ni una injusticia, quizás podamos ver algo de belleza si abrimos correctamente los ojos.
El dolor no siempre es malo, el sufrir, por otro lado, considero que sí llega a enfermar, en muchos se vuelve una conducta, un estilo de vida. Fatalidad.
A poca gente dejo entrar a mi habitación cuando estoy escribiendo algo. Tengo las paredes llenas de anotaciones y es un santuario que merece silencio hasta que la obra se haya completado. Aunque a veces también invito a alguien, y me gusta recostarme sobre el suelo sintiendo que vivo dentro de una libreta gigante. (Muy mal hecha, por cierto)
Tardé cinco años en leer todos los libros de Nietzsche, y ahora los he comenzado de nuevo. Uno por uno y con calma, le dedico el tiempo que merece pues es mi mejor amigo.
Escribí un libro, y apenas lo he reescrito dos veces. No sé en dónde acabe, a veces creo que es bello, y el resto del tiempo pienso que es porquería.
Amo mi cuerpo y lo cuido, lo alimento de danza todos los días.
Soy estúpidamente leal y puntual. A veces muy clásica, tanto que termino envuelta en muchos clichés. A veces demasiado contemporánea, tanto que ni yo misma me entiendo.
Termino este año sumamente satisfecha pues estoy dejando de ser aprehensiva, saqué de mi vida a gente que no me hacía bien, y ni siquiera se han dado cuenta, pues no fue a patadas, tan sólo les dejé la puerta abierta. Dejé entrar a nuevas personas cuya pasión y pureza me son adictivas, y me han recordado todas esas cosas en las que había dejado de creer.
Pero sobre todo, me descubrí, me conocí a mí misma y me he convertido en mi mejor amiga.
Este viaje aún no termina, apenas comenzó.
@RedBrokenMoon[LucyLuna]